La blanca soledad / Pale Solitude by Leopoldo Lugones

This entry is part 12 of 33 in the series Poetry from the Other Americas

For background on the poet, see “Historia de mi muerte / Story of My Death.” To hear the poem read clearly and movingly (though by a Spaniard, not an Argentinian), listen to this recording on YouTube.


Pale Solitude

Beneath the calm of sleep
that moonlit shiny silky calm
the night
for all the world like
some pale corpse of silence
goes sweetly to its rest in this immensity
lets down its hair
abundant
as the summer leaves along the avenues

Nothing now lives except the eye
of the forbidding clock-tower
peering uselessly into infinity
like a tunnel opened in sand
Infinity
Driven by the cogs
of clocks
like a carriage going nowhere

The moon carves out a pale abyss
of quietude a gaping gulf
where all is ghostly
shadows mere ideas
I shrink from the proximity
of death in that pale place
From the beauty of a world
possessed by the fullness of this ancient moon
And the sad sad yearning to be loved
trembles in my aching heart

There is a city in the air
a hanging city barely visible
the vague outlines
of polyhedral crystals
hovering in the clear night
like watermarks in paper
A city so distant so illogical
its presence fills me with unease

Is this a city or a ship
to carry us away from Earth
happy and stunned into
such purity
that only our souls
live on beneath the pale full moon?…

Then suddenly a subtle tremor
moves across the seamless glow
The outlines fade away
all that immensity is just pale stone
all that remains of an ill-omened night
this certain knowledge: you’re not here


La blanca soledad

Bajo la calma del sueño,
calma lunar de luminosa seda,
la noche
como si fuera
el blanco cuerpo del silencio,
dulcemente en la inmensidad se acuesta.
Y desata
su cabellera,
en prodigioso follaje de alamedas.

Nada vive sino el ojo
del reloj en la torre tétrica,
profundizando inútilmente el infinito
como un agujero abierto en la arena.
El infinito.
Rodado por las ruedas
de los relojes,
como un carro que nunca llega.

La luna cava un blanco abismo
de quietud, en cuya cuenca
las cosas son cadáveres
y las sombras viven como ideas.
Y uno se pasma de lo próxima
que está la muerte en la blancura aquella.
De lo bello que es el mundo
poseído por la antigüedad de la luna llena.
Y el ansia tristísima de ser amado,
en el corazón doloroso tiembla.

Hay una ciudad en el aire,
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan,
como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
que angustia con su absurda presencia.

¿Es una ciudad o un buque
en el que fuésemos abandonando la tierra,
callados y felices,
y con tal pureza,
que sólo nuestras almas
en la blancura plenilunar vivieran?…

Y de pronto cruza un vago
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cámbiase en blanca piedra
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.

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2 Comments



  1. This is truly beautiful. Jean, please do more.

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